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martes, 23 de abril de 2013

Días de asueto



Días de asueto
Por J.P. Medina

La brisa cálida de un pueblo en festejo sopló suavemente a través de su vestido floreado. Desde ahí podía verlo todo, la luz de los faroles parpadeando sobre el empedrado, las personas caminando entre los puestos de comida frita y hasta los fuegos artificiales que se abrían paso entre las pecas blancas del cielo nocturno. Lo podía ver todo, excepto aquello que había venido a buscar desde tan lejos.  
            Carolina suspiró. Sacó del bolsillo un papelito arrugado y tachó un nombre de la lista. El nombre de ese pueblo. El viento arremetió de repente y la empujó a la entrada de la iglesia. Estornudó con fuerza y se limpió la nariz con un pañuelo.
            -Ya será mañana… -murmuró. Entonces bajó las escaleras y se dirigió al hotel, sin darse cuenta de que, desde los cuerpos cercanos que corrían con mascaras en la cabeza, un hombre la observaba alejarse de la fiesta.
            La chica, frágil desde cualquier ángulo, entró a su habitación dejando la chaqueta al borde de una silla y tumbándose boca arriba sobre su cama. Se frotó los ojos, esas dos pequeñas canicas de diferente color una de la otra. Estaba cansada, más de lo usual. No había disfrutado de sus vacaciones desde que salió de la oficina el lunes pasado. Pero no había tiempo para eso, pensaba nerviosa, tenía que encontrarlo porque se agotaban las opciones y cada día estaba más enferma, más débil y más delicada.
            -Es culpa de esta atmósfera. Seguramente no somos compatibles con los elementos que le componen.
            De repente se volvió a entusiasmar y corrió a buscar el mapa en su maleta. Unas grandes equis cruzaban los puntos antes recorridos. Hace dos días, cuando estuvo cerca del mar, sintió que el calor de las vacaciones de verano iba a derretirla. Ahí, en medio del tumulto de extranjeros albinos que estaban fascinados con las playas del atlántico, se haría charco y todos pasarían por encima de ella. Ahí no estaba lo que buscaba.
            Después, entre los pinos altos que alcanzaban el cielo, Caro estuvo sufriendo con las redadas de mosquitos que se alimentaban de su sangre, aunque eso no la desanimó. Subió arboles, escavó en la tierra y se paró entre las decenas de campistas con la postura de un salvavidas de alberca. Pero no, tampoco ahí lo había encontrado.
            El pueblo estaba cerca, pero no contaba con la feria de Santa Isabelina, patrona de los objetos perdidos. Con tanta gente no había forma de ponerse a trabajar, así que cuando vio que el templo se erguía al pico de la colina decidió buscar suerte desde ahí. Sin embargo, como ya antes se ha mencionado, salvo algunas estrellas que le ocasionaron nostalgia, no halló nada.
            Sólo le quedaba un lugar más donde buscar, pensaba ella jugando con una pequeña nave espacial de plástico. Pero ya sería mañana, porque con el escurrimiento nasal y las ojeras bastante pronunciadas esa noche no podría hacer nada. Así que durmió y soñó. Soñó con su madre, la mujer que nunca conoció, pues se fue cuando apenas había nacido. Después con su padre, quien le había dicho que ella se había ido al cielo y que cuando también él desapareció, Caro pensó que se había ido a acompañar a su progenitora.
            Fue durante una noche, en el orfelinato, cuando viendo una película de ovnis y especies alienígenas se dio cuenta a que se refería su padre. Ella no era de este planeta. Si, seguro era eso. ¿De qué otra forma una persona normal llegaría al cielo? Así es como, después de algunos años y cuando salió por fin al mundo exterior, decidió que necesitaba encontrar una nave espacial que la llevara con ellos.  
            Tardó mucho en recordar todos los lugares a los que había ido acompañada de su padre cuando era niña. Como no salían mucho a causa del estado delicado que la afligía, la lista resultó ser breve. Entonces, cuando llegaron las vacaciones, tomó las llaves del coche y salió a cumplir con su destino.
            El mañana llegó temprano para Caro, cuando el color turquesa de la madrugada coloreaba los tejos de las casitas de asbesto. A pesar de las festividades, las personas se levantaron temprano y ya estaban cumpliendo los mandados. Caro, al dar una vuelta en una de las angostas calles del centro, sintió de repente un escalofrío desde la parte trasera del coche. Miró al retrovisor. Un hombre en traje negro y gafas oscuras la observaba desde el asiento de una motocicleta.
            -Me descubrieron –pensó ella mordiéndose el labio inferior. Pero no iban a atraparla tan fácilmente. Movió con destreza la palanca de velocidades y se hizo paso a través de la gente, que saltaba a las cajas de fruta y verdura recién cosechada. El hombre en motocicleta también aceleró y comenzó así la persecución.
            Unos minutos después Carolina hacía proezas en la carretera con tal de despistar al insistente perseguidor. Tomaba prestado el sentido contrario y trataba de escabullirse entre los camiones de pasajeros y las camionetas cargadas. Hasta el pequeño juguete de plástico salió volando de la guantera donde estaba guardado. Sin embargo, el hombre de traje era aún más escurridizo. Podía pasar fácilmente entre las grietas de los autos en movimiento y era muy hábil en ello. Pero no importaba, porque la pequeña fémina se sabía un atajo difícil de seguir si no es sobre un automóvil. Derrapó bruscamente y giró hasta un diminuto camino de tierra que se perdía a lo lejos del paraje rural. Cuando por fin pudo estabilizar el vehículo, miró por el espejo y se rió orgullosa al notar que el hombre había caído entre el pasto y las rocas sueltas. Había ganado.
            Era ya medio día cuando Carolina se detuvo a orillas del lago. Aquel había sido el último lugar donde había visto a su padre, por lo que estaba segura de que ahí se encontraría la nave que la llevaría a casa. Por fin a casa.
            Pasaron las horas, un tractor allá a lo lejos trabajaba sobre los campos de maíz pero era apenas un zumbido que se perdía entre el canto de las aves y la brisa veraniega que levantaba el pasto de la llanura como fueran olas. Después de buscar sin descanso y de peinar por completo la zona, Caro se había quedado sin pistas. Estuvo un largo rato de pie, a la mitad del verde de aquella pintura, observando el lago en calma. Ni siquiera se dio cuenta de que el hombre del que venía huyendo ya la había alcanzado, y estaba sin decir nada mirándole la espalda, el cabello negro alborotado por las prisas, las manitas blancas temblando y haciendo nudos con los dedos y el vestido floreado que seguía el ritmo del pasto con el viento.
            -Oye, Caro –exclamó entonces. La mujer volvió sorprendida y dio un paso para atrás. Sus ojos, que tenían un color distinto al otro, de repente parecieron hacerse más pequeños. La dama se tumbó sobre sus rodillas y estiró las manos en señal de rendición. Como si esperara a ser arrestada.
            -Me rindo.
            -Oye, oye, soy yo, Pablo –el muchacho se quitó las gafas oscuras y se sentó en cuclillas frente a ella, esbozando la mejor de sus sonrisas-. ¿Qué estás haciendo aquí tu sola?
            Caro, cuando por fin lo reconoció, soltó el llanto y se lanzó a sus brazos. Hablaba con el moco suelto, balbuceando y sin formular perfectamente las palabras. No obstante, y a pesar de todo esto, Pablo logró entender todo. Minutos después, cuando ya no había más que llorar, el joven le puso la mano sobre la cabeza y dijo:
            -Tranquila. Me preocupé cuando salí del trabajo y no te encontré en casa. Regrese a la funeraria y le pedí prestado la motocicleta a un compañero. Por eso no me reconociste, lamento si te asusté –fue explicando, consolándola-. Ven, volvamos a casa. Podemos intentarlo otra vez el año que viene.
            Casa, su casa, pensaba Caro. Si, quería volver a ella. Se enjuagó entonces las lágrimas y se disculpó. Por todos los problemas y también por haberle dejado la camisa llena de mocos. Pablo se rió un momento y se pusieron de pie.
            Llegaron al carro y metieron la motocicleta entre los asientos traseros y la cajuela. Pablo se puso al volante y se colocó el cinturón.
            -¿Estas lista? –ella sonrió ya más calmada. Miró al lago que se encontraba tras ellos y asintió. –Bien, porque aún son vacaciones. Podemos pasar al centro de video y rentar unas cuantas películas de esas que te gustan tanto.
            El automóvil regresó al camino de tierra y se alejaron despacio del último paraje de la lista.
            La noche llegó. La oscuridad devoró las recias aguas del cuerpo acuífero; pero, sobre una pequeña cruz de madera que yacía perdida a las faldas del lago, un pequeño juguete brillaba con luces de colores, junto a unas cuantas flores recién cortadas.


miércoles, 27 de agosto de 2008

Eva, O el día que cambiamos corazones... ~

Eva

O el día que cambiamos corazones

J. P. Medina


Cinta grabada el 30 de Diciembre del año 2120

Evidencia (A) presentada ante el Consejo Mundial de Ciencia y Tecnología.


“...Creo que soy de los pocos en la actualidad en odiar la biónica, lo confieso. Y no es porque considere que sea completamente un sacrilegio a nuestra individualidad y a nuestra persona, pues a un perfecto moderado, la biónica debe poder tener el suficiente respeto como para salvar vidas, ayudar a los desgraciados y suponer una base para un estilo de vida común y sencilla. Desde las prematuras ideas de Leonardo Da Vinci por querer imitar el aleteo de una triste avecilla a lo lejos de su ventana, allá para su residencial Florencia, hasta los avances científicos del siglo XX que se infiltraban en la investigación de la biónica con el único fin de conseguirle un brazo a un niño que lo hubiese perdido en algún accidente, provocado o malintencionado. Sin embargo, en algún momento, la biónica comenzó a conjeturar suma importancia al entonces reciente impacto de las guerras que se efectuaban en el viejo y nuevo continente. El gobierno enemigo, el aliado, y hasta el neutro, comenzaron a producir brazos, piernas, ojos e inclusive algo tan frívolo e inútil como oídos y narices (con la patética premisa de una mayor proyección auditiva y olfativa que tuviera un efecto positivo en el campo de batalla) para evitar las bajas cada vez mas frecuentes en las filas. Las guerras empezaron a durar años, lustros y hasta décadas, en una interminable lucha por el poder y en contra de la impotencia del país. Que después de todo, para eso sirve una guerra... ¿No es así? El complejo de inferioridad puede crear demasiados idiotas como se producen estrellas en el manto nocturno. Deseo, deseo.

Y lo reconozco, se que no debiera generalizar con la biónica, comprendo la curiosidad de la mente humana por estudiar e imitar comportamientos animales, la constante evolutiva de los seres vivos y hacerse el doppelgänger, De un pájaro, de un toro, de uno mismo. Mas no obstante, la socialité y los altos funcionarios, no conformes comenzaron una distribución masiva de brazos, piernas, manos, ojos, narices, oídos, etcétera infinito numero de partes corporales y en un ataque de palabras y discursos, promueven al uso innecesario de estas como una actualización, como una evolución no natural del ser humano.

Quizá es que lo odio a sobremanera por que puedo verlo desde el otro lado, ya que, a estos tiempos de sobre-modernidad, quedan pocos que mantenemos nuestros cuerpos intactos, al contrario de los Non humains, que solo conservan su cerebro y el corazón debajo de esa coraza fría de acero y titanio, y que viven dentro de un complejo de perfeccionismo estético, casi geométrico.

A nosotros desde hace años que nos cazan, nos buscan para realizarnos actualizaciones que no necesitamos, para arrancarnos el corazón del pecho y colocarlo dentro de un cajoncito envuelto, silicona flexible que dicen simular la piel humana.

Ellos dicen no notar la diferencia, aquel envoltorio posee censores sensibles al tacto que transportan la información por los canales electrónicos hasta el cerebro, en forma de pequeñas descargas que hacen que un calor sea calor, o un frío demasiado frío. Pero no pueden hacer que un beso sea un beso, o una caricia una expresión infinita de placer y gusto. Es una jaula, lo repito: ¡Una jaula! Por eso y otros tantos motivos, me presento ante esta grabación con orgullo y como índole de este, ante mi ultimo letargo, mi nombre es símbolo del primer hombre, del hombre de tierra, mi nombre es Adán...”

“...No creo que importe donde nací, ni donde crecí, sino como lo hice ante los obstáculos que se me fueron colocando enfrente. A los dos años perdí a mi padre cuando fue sometido a la actualización. La presión y el impacto psicológico de perder su humanidad lo llevaron a un bienintencionado suicidio; justo ante los escépticos Non humains que no podían comprender como alguien prefería la muerte al reajuste. Mi madre, por su parte, debe ser el numero “tal” en la multitud, ni siquiera me da la gana mencionarla, se vendió cuando recibió el dinero suficiente para una actualización elegantísima, una de esas que solo pueden conseguirse los mas altos en la escala económica del planeta.

Pero en fin, continuo. A pesar de estos factores, y los otros que ocurrían (persecuciones, discriminaciones raciales, golpes y tormentos) quiero pensar que soy el mas feliz de este planeta, o que mi felicidad es meramente realista ante las artificiales de los Non humains. Sobreviví gracias al robo y a la estafa, y, aunque tengan uno que otro detalle distintivo, pude confundirme maravillosamente entre la gente, haciéndome pasar como uno de ellos mas de una vez. Claro está que tuve que evitar algunos distritos, autopistas e instituciones publicas, pues el mínimo roce con el OFSD (Organic Form System Detection, por sus siglas en ingles) me podría (y lo hizo) traer problemas colosales. Entonces más y más persecuciones, más y más discriminación racial, y sus derivados desesperados.

El escondido pueblo que teníamos al recóndito del valle era el perfecto refugio, imposible que los Non humains nos encontraran, el frío, la nieve, y la constante lluvia gélida y mortal, evitaba que ellos se acercaran. Unas horas en ese ecosistema hostil harían de sus inadaptados corazones un tic, tac que poco a poco se irían paralizando. Ese a sido el único, hasta ahora, el único imperfecto, de sus cuerpos impuros, aunque últimamente he escuchado que los altos económicos despilfarran su dinero en busca de erradicar esa anomalía. Si no fuese porque el pueblo ya ha sido evacuado por completo, y que esta en la penumbra de la soledad, el desperfecto arreglado de los Non humains nos mandaría a todos los que restan al carajo.

Es cierto, mi pequeño Paraíso, mi pequeño pueblo... es el que mas sufre en estos momentos, ni siquiera yo, que estoy firme ante esta escalofriante decisión, puedo competir en contra del abandono de mi gente, mis amigos, mi cariño. Y todo porque no fui capaz de odiarte, Eva, como a todos los demás infelices, carentes de vida. Y todo porque encontraste la forma de tomarme entre tus frías manos y acurrucar mi rostro en tu pecho. Tic, tac, tic, tac. El corazón de Eva repicó dentro mío, calentándome...”

“...La radio de pilas que cargo siempre conmigo avisa que queda poco tiempo antes de que empiece el bombardeo...

...No lo entiendo ¿Es que es tanta la obsesión de transformarlos a todos que deben eliminar a los insatisfechos? Aunque irónico e insensible, que bueno que el ultimo en huir del Valle ha sido Matusalén...”

“...Ahora que lo pienso y me rió, no entiendo que es lo que estoy haciendo aquí. Sincerándome un poco. Observo al exiliado profesor recurriendo a su pequeña biblioteca de llaves y tuercas y sigo sin entender la estúpida de mi decisión. Me veo en tercera persona desde lo alto y sobrevolando la ventisca con fuerza y determinación y sigo sin entenderlo. Con algún otro Non Humain me hubiera importado un pito, lo sé, lo sé, pero Eva, maldita seas Eva ¿Qué es que tienen tus manos que son tan tibias? Está fuera de razón y comprensión, pero no puedo soltarlas, imagino entonces que la llevaras a tus labios (escarchados por el tiempo) y besaras mis dedos a pausas... ¿Qué es este delirio tan cobarde? ¿Será el miedo? Ahora, como nunca lo hice, envidio a esos artífices sin emociones. Lo único bueno de esa miserable raza es su valor ante la muerte. ¿Y porque temerle? Son seres inmortales, impulsados por un corazón que nunca se detiene y por un cerebro que jamás deja de concentrar información, día con día, mes con mes, año con año. Luego siglos. Entonces la muerte parece un mito mal jugado. El nacimiento un proceso de envasado, conservación y actualización en masa que sucede en fabricas y no en hospitales. La vida un enlatado y exportado, obligados a migrar a otros planetas vecinos por la inigualable cantidad de vivos no vivos que caminan en la Tierra. Se acabaron las religiones, Dios existe para calmarle los miedos a hombres que no saben que sucederá después de morir. Es entonces mas fácil creer en las inigualables filosofías de Hegel. Hilarante, demasiado.

Y diablos, empiezo a tener frío, mucho frío, tanto que hablar se vuelve una entera riña con la lengua y los dientes...”

“...Diviso algunas señas que me hace Matusalén entre toda esta nieve advirtiéndome que queda poco tiempo. Con el puto frío calándome los huesos, me sorprende que ella resistiera tanto estando su corazón tan desacostumbrado. Con los dedos me dice que a lo máximo tengo, tenemos, diez minutos antes de que suceda.

Y no quisiera creerle, pero Matusalén es un experto en la materia y cuestionarlo no seria lo mas prudente. Sabe, a carne propia, lo que es existir entre la aceptación y el exilio, con el peso que ha cargado de su propia creación.

Tu no lo has de saber, Eva, pero Matusalén fue uno de los principales promotores de la actualización y uno de los cinco grandes del Consejo Mundial de Ciencia y Tecnología , hace ya entonces cincuenta años, y cuyo único pecado fue aspirar a Dios y arrepentirse en el ultimo minuto. Explico.

Tras experimentar varios años en soldados y guerrilleros, Matusalén y todos los del Consejo, encontraron la forma de inmortalizar al hombre reemplazando órganos, músculos, hueso y piel con material sintético, acero y titanio. Sobre explotaron la biónica en proporciones exageradas y absurdas. El plan, como anteriormente había mencionado, fue pre-fabricado bajo estrictas ordenes militares de entre las grandes potencias mundiales con el único fin de derrocar a las fuerzas enemigas. Se eliminó el hambre, el cansancio, el deseo y todo aquello que limitara al soldado de cumplir con su deber, y se le instaló un cuerpo artificial que sirviera de escudo ante profundas tempestades, explosivos y otras ocasiones que pudieran provocar daños y perdidas en él. Sin embargo, después de un tiempo, la tecnología se extendió incluso a filas enemigas y las guerras jamás terminaron.

Para remediarlo, el Consejo Mundial de Ciencia y Tecnología, que desde ahora nombrare por sus siglas CMCT, puso en marcha lo que por siempre se había deseado, convertirse en Dioses. Dioses de Dioses. El proyecto Non Humain.

Matusalén, quien dirigía con otros cuatro el CMCT, fue el primero en convencer a los altos mandatarios de que la actualización debiera ser el próximo paso a evolucionar, eliminando todo deseo y vicio que perjudicara a la humanidad. Tras varias reuniones entre el CMCT y los altos mundiales se llegó al acuerdo y el ser humano se vio convertido en espécimen próximo a extinción.

Para ese tiempo, Matusalén se había casado con una hermosa y elegantísima provinciana de nombre Elena de la cual estaba profundamente enamorada. Asunto que hasta a mi me parece increíble de un hombre cuyo propósito máximo fue ser un desquiciado realista, logístico y experimental.

Con todo esto, Matusalén se convirtió en una potencia, en un éxito y aun ante algunas dudas, apoyó y distribuyó actualizaciones, bajo sugestivas subliminales básicas de mejores rendimientos y mayor confort de vida. Los que no pudieron soportarlo murieron trágicamente, dejando a los mas estúpidos, a los más fáciles de controlar (Incluso el viejo científico, que fue creador, no soportó el negativo efecto moral y su actualización quedó incompleta, algo que desafortunadamente nunca lo desalentó)

Entonces llegó la tragedia, Elena fue convencida por el doctor para el reemplazo de piezas, y aunque temerosa, aceptó confiando en la palabra de Matusalén.

Elena murió ese día, y aquella mujer que hospedaba el corazón y el cerebro de la misma, se convirtió en una extraña, en otra cosa cuya descripción Matusalén jamás encontró.

Él también murió ese día, él y su infinita fe en una ciencia más allá de lo razonable.

Que lastima, se vio obligado a desprenderse de un mundo del que fue participe, fue marginado al no encontrar a quien convencer del ingrato de su decisión, suya y de la CMCT y se convirtió en un hombre mortal e inmortal sin querer.

Lo veo desde aquí y a pesar del caos al que ayudó a crear, me llena de orgullo el pensar que quizá, solo quizá, todavía queda esperanza para el ser humano...”

“...Incluso mirar a Eva recostada sobre sus cansados párpados me da todas esas libertades...”

“.........”

“...Sigue siendo un frío y cruel diciembre. El pequeño valle jamás se vio tan crudo como esta noche. Hay algunos murmullos que silban a través del viento y no me dejan concentrarme. Parecieran voces condenándome a traición por el libre albedrío que he cometido. Ese albedrío que tiene tu nombre tatuado en cada letra y significado. ¿Cómo lo has hecho? Solo recuerdo correr a un ritmo de suela curiosamente innecesario. Tap, doce mil metros a cubierta, tap, otros tantos sobre el mástil, y el capitán se moría por llegar a un muelle. Caer y rodar por el suelo. Tatuarse el lodo que se había formado con la lluvia. Un paraguas azul. Siempre me pareció que ese color te quedaba perfectamente, tranquilo, pacifico, diferente. Lo llevaste todo el tiempo que te conocí y llegué a pensar que era intruso. Entonces lo abrías ante mis ojos y teníamos una casita a la vereda de la gran ciudad. Sublime, y encantado yo pues entonces el espacio era mas íntimo. El reloj se esta quedando sin cuerda. Eva, tranquila querida, perdóname, auxíliame. Por mi culpa estas en este sin sentido. Por mi culpa estas muriendo frente mío, por ese corazón tan desacostumbrado...”

“.........”

“La operación parece sencilla, según me explico el viejo, hay que evitar a toda costa que su corazón se detenga por mas de diez minutos antes del transplante. A falta de conductos sanguíneos, órganos y sistemas el corazón va a funcionarle perfectamente. Intrigante, es casi una pila que mantiene al cerebro funcional por medio de aquellos conductos eléctricos; entonces genera pequeñas descargas eléctricas a todo el cuerpo, a cada rincón del Non humain. Es solo una breve explicación, pero así es como funcionan ellos.

Por cierto, me pregunto, mirando a Eva dormida, si ellos soñarán. Yo al contrario sueño demasiadas veces a Eva que no podría decir por que extremo del inconsciente preferiría. Y es que la sueño tan tierna, tan intima, patética y calida, cansada, enferma; entonces puedo sentir que es mía.

Y la falda blanca hace olas, muchas olas, que van desde el puerto de su vientre, un poco mas al norte de por sobre sus piernas, y terminan en mi cama. ¿Será posible? Jamás se lo pregunté a Matusalén, quizá por absurdo. Y con cada minuto, el frió parece valerme un pito. Comienza a darme mucho sueño, tanto que la voz se me esta quebrando en un infinito...”

“...Se termina el tiempo. Le doy unas ultimas indicaciones a Matusalén para donde y que hacer al terminar la operación. Es curioso, nunca había visto al doctor tan asustado; no es que interese, pero resulta hilarante.

Eva decía que los que mas debieran temer eran los que no tenían motivo alguno. No lo sé, solo quisiera irme tranquilo sabiendo que todo saldrá bien.

Después del intercambio tendrán quince minutos antes de que empiece el ataque a la ciudad, no será mucho, pero lo suficiente para cruzar hasta la bocaza del Valle y salvarse.

En fin, quisiera tener mas tiempo para despedirme adecuadamente, pero estoy en contra de sentimentalismos. No quisiera irme con la frente en el suelo y llorando, aunque no lo pueda evitar.

Eva, si estas escuchando esto es porque no encontré otra forma de satisfacer mi orgullo y demencia que arrinconándome en mi pequeño pueblo, al pie del cañón. Y debiera ser lo mejor, pero me da tristeza la despedida cuando ni siquiera puedo verte al corazón, al interminable tic tac.

Después de tanta deliberación, cariño, creo que los Non humains y nosotros no somos muy diferentes. No, estoy completamente seguro de ello. Debemos estar realmente asustados los unos de los otros para creer que lo estamos. Envidiamos capacidades, incluso defectos, del contrario en un eterno y absurdo conflicto.

Los odio, ya lo he dicho al principio, pero lo hago en consecuente de su propio odio hacia los míos. Un desquiciado y sin sentido circulo vicioso. ¡Y los odio, los odio tanto! Pero Eva, no eres y nunca serás igual a ellos. Ella es un espécimen de hibrido, amenazada entre la delgada línea roja del artífice y lo real, entre la lastima y el orgullo. Es la fruta, el arbitro, las doce marcando su reloj. Ese reloj que ahora es tuyo, mió, nuestro. Jamás entonces pierdas la calma, este corazón mió (que ahora es tuyo, dentro, muy dentro entonces) te dará la vida después de la vida, después de la vida, después de la vida...”

“...Este es el primer día entonces de tu vida, Eva, o el día en que cambiamos corazones...”

“...Feliz año nuevo, feliz vida nueva...”

“.........”

El recinto entonces quedó en silencio. Los miembros del consejo se miraron los unos a los otros, escépticos, atónitos.

Y Eva, que no podía y no sabía llorar, tomó la grabadora de mano y la abrazó contra su pecho.

Copyright by Jonatan Pavel Medina.